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Volver a pensar

29 diciembre, 2015

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Cuando uno se siente ahogado por una coyuntura asfixiante y embrutecedora suele ser útil seguír el consejo de Marechal, aquél que dice que de los laberintos se sale por arriba. Yo lo interpreto en el sentido de leer cosas que oxigenen el mate. Buscar textos que me obliguen a pensar porque no coinciden estrictamente con lo que yo pienso. Textos que permitan ejercitar el criterio propio porque uno ya sabe que no responden al dogma ni al prejuicio y porque te sorprenden. Aunque no es el único, es algo que había encontrado hace años en textos de Slavoj Žižek y que volví a encontrar hace poco.

Una de las grandes virtudes de Žižek es la provocación. En la página 89 de su libro Pedir lo imposible decía que la ideología dominante actual es “un vago hedonismo con un toque budista”. Obviamente me hizo acordar a Mauri. Žižek cita los mantras básicos de esa ideología dominante: “¡Realízate a ti mismo! ¡Experimenta! ¡Busca la satisfacción! Haz lo que quieras con tu vida”. La idea de Žižek no era boludear a los portadores de esa ideología.Tampoco es mi idea.

Hay que entender que Cambiemos ganó desde ahí. Y que esas consignas no son de derecha ni de izquierda. Conozco muchos progres que las bancan, incluso para defender una suerte de stalinismo retro y light. Son valores extendidos en nuestra sociedad actual globalizada. Son valores “posmodernos”, funcionales a cierto despliegue del capitalismo. Y acá aprovecho para destacar otra virtud que me gusta de Žižek, es de los pocos pensadores de izquierda que denuncia a China: “La solución fascista suave, que para mí representa China, sencillamente no funcionará”.

Otro de los puntos fuertes de Žižek, ahora que repaso el libro para comentarlo, es su constante llamado a “volver a pensar”. Es algo que hoy nos resulta muy necesario a los peronistas, porque repetir argumentos que no persuadieron significa volver a ser derrotados. Una letra de Silvio Rodríguez puede ser muy linda pero no gana elecciones. Hay que volver a pensar.

Para Žižek el primer paso del pensamiento es hacer esta clase de preguntas: ¿es esto realmente un problema?,¿es esta la manera correcta de formular el problema?¿cómo llegamos a esto? “Se trata de hacer preguntas fundamentales. Y eso está desapareciendo”.

Se trata de invitar a volver a pensar. De invitar a salir del embrutecimiento de la cotidaneidad y de la propaganda (propia y ajena). Mientras uno más estudia la historia de los totalitarismos más encuentra que una de sus condiciones de posibilidad es la brutalización que produce la propaganda como forma de pensamiento. Entonces la invitación incial es volver a pensar. Hacer preguntas fundamentales más que a gritar supuestas certezas. Especialmente cuando el principal efecto de tu propaganda ya no es persuadir sino que el otro deje de escucharte. 
Si le tenemos miedo a las preguntas fundamentales entonces nos deslizamos en el conservadurismo o el dogmatismo. 
Žižek plantea: “Normalmente, para darte cuenta de que tu situación es injusta, tienes que tener una cierta libertad ideológica”. Hay que poder pensar libremente, en un clima de libertad ideológica. No hay que tener miedo a las preguntas ni a las críticas. Hay que ejercitar la libertad de pensamiento para no quedar atrapados en el consignismo y el embrutecimiento. Hacerse preguntas no debilita las convicciones, las fortalece. Y permite encontrar el difícil camino para convertirlas en realidades.

El episodio del nombramiento de jueces “en comisión” para la Corte Suprema por parte del Presidente Macri no es solo una cuestión de formalidades o buenas maneras republicanas.

En lo inmediato dejó al desnudo una brecha entre el perfil electoral construido por Cambiemos y el núcleo de sus votantes. Todos aquellos que los votaron para restaurar las instituciones de una República disminuida por el maltrato populista se encontraron entre desconcertados, enojados y decepcionados por los malos modales del flamante presidente. No es un dato menor semejante descuido de la propia base de legitimidad. Tampoco es menor que al retroceder haya dejado en el camino a muchos de sus justificadores que habían salido “a bancar los trapos”. ¿Doble costo?¿O acaso El Jefe ya cuenta con su legión de incondicionales?

A nivel de los dirigentes se esboza una diferenciación incipiente entre halcones y palomas que puede tener traducción a nivel de base. Las declaraciones de los halcones justifican la movida en una especie de mimesis del real y el imaginado decisionismo peronista. No es casual que sus voceros sean radicales de larga experiencia en la oposición parlamentaria que tal vez busquen aventar los fantasmas del vacío de liderazgo delarruista. En el otro polo, vemos a un moderado y siempre prudente Pinedo, visiblemente incómodo, teniendo que defender un procedimiento que choca con sus convicciones republicanas. Es muy temprano para arriesgar una cristalización de estas gestualidades en alineamientos e internas.

Otras figuras de Cambiemos parecieron menos involucradas en el asunto. A Gabriela solo se le pide no ser Boudou. De la sorpresiva Vidal se pide la virtud de la gobernabilidad del polvorín bonaerense y conurbano. Acaso ayudado por el despliegue de un posible carisma reparador.

Mientras los acontecimientos se desarrollan y las políticas estructurales muestran sus efectos sociales ya despunta algo que nadie esperaba. Macri en vez de mostrarse con la gestualidad del Legislador prudente y moderado empieza a mostrarse como El Jefe, el Thatcher que Menem no podía ser y que la Ucede no pudo coronar porque no les daba para ser los tories ingleses. Vendieron un Solón de Atenas pero parece asomar un Luis Bonaparte…

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El peronismo también es el negocio de un ensayismo nacional ladri que recicla el sarmientino “¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte…”. Usan al peronismo para seguir escribiendo sobre el siglo XIX. El peronismo como último tema romántico para escribir desde el romanticismo un tanto apoliyado.

En esa apertura clásica de Sarmiento,  donde dice “Facundo” pongan “peronismo” y ya tienen un ensayito piola: “¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo! Tú posees el secreto: ¡revélanoslo! Diez años aún después de tu trágica muerte, el hombre de las ciudades y el gaucho de los llanos argentinos, al tomar diversos senderos en el desierto, decían: “¡No, no ha muerto! ¡Vive aún! ¡El vendrá!” ¡Cierto! Facundo no ha muerto; está vivo en las tradiciones populares, en la política y revoluciones argentinas(…)”.

Un groso Sarmiento, le resolvió la vida a muchos que nada tienen que investigar,  solo usar su fórmula y repetir el tono. Quedaría: “¡Sombra terrible de Perón , voy a evocarte (…) Tú posees el secreto: ¡revélanoslo!”. Y lo mismo funciona con el fragmento sobre la extensión espacial como mal, como enfermedad o patología que aqueja al país. La sustitución nos deja un con: “El mal que aqueja a la República Argentina es el peronismo, la rodea por todas partes y se le insinúa en las entrañas”.

Con esas dos frases del Facundo de Sarmiento hoy te convertis en Sebreli,  diría Mascherano.

Ya en 1963 Carl Schmitt advertía que sus planteos habían sido transformados “en un slogan primitivo,  una denominada ‘teoría de amigo y enemigo’ conocida sólo de oídas y endosado siempre al partido contrario”. Esto lo vivimos a diario en nuestros debates de sordos. Por eso aprovecho que releí El concepto de lo político (de 1932) para compartir lo que para mi es el núcleo fuerte de su planteo, muy jodido de procesar en una democracia dónde los bandos hacen uso y abuso de ese “slogan primitivo”.
Dice Schmitt: “los conceptos de amigo,  enemigo y lucha adquieren su sentido real por el hecho de que están y se mantienen en conexión con la posibilidad real de matar físicamente. La guerra procede de la enemistad,  ya que ésta es una negación óntica de un ser distinto. La guerra no es sino la realización extrema de la enemistad”.
Lo esencial es que definir al enemigo implica aceptar la posibilidad de la guerra,  “la posibilidad real de matar físicamente”. Lo cual, desgraciadamente, es típico de la política internacional pero es problemático cuando se lo traslada a la política interior de un Estado. De ahí viene la sintonia antidemocrática con el fascismo. Porque Schmitt piensa dentro del Estado en dos polos: la pacificación de la unidad o la política de partidos que tiende al grado máximo de lucha que es la guerra civil. Es lo que esboza cuando afirma “la ecuación política = política de partido se hace posible cuando empieza a perder fuerza la idea de una unidad política (del Estado) capaz de relativizar a todos los partidos que operan en la política interior,  con sus correspondientes rivalidades”.
Obviamente está interpretación se queda corta respecto de la obra de Schmitt pero espero que les sirva para pensar y los provoque a leer el libro y sacar sus propias conclusiones.

Fragmento de la INTRODUCCION DE F. ENGELS A LA EDICION DE 1895 de LAS LUCHAS DE CLASES EN FRANCIA DE 1848 A 1850
…Hace casi exactamente 1.600 años, actuaba también en el Imperio romano un peligroso partido de la subversión. Este partido minaba la religión y todos los fundamentos del Estado; negaba de plano que la voluntad del emperador fuese la suprema ley; era un partido sin patria, internacional, que se extendía por todo el territorio del Imperio, desde la Galia hasta Asia y traspasaba las fronteras imperiales. Llevaba muchos años haciendo un trabajo de zapa, subterráneamente, ocultamente, pero hacía bastante tiempo que se consideraba ya con la suficiente fuerza para salir a la luz del día. Este partido de la revuelta, que se conocía por el nombre de los cristianos, tenía también una fuerte representación en el ejército; legiones enteras eran cristianas. Cuando se los enviaba a los sacrificios rituales de la iglesia nacional pagana, para hacer allí los honores, estos soldados de la subversión llevaban su atrevimiento hasta el punto de ostentar en el casco distintivos especiales —cruces— en señal de protesta. Hasta las mismas penas cuartelarias de sus superiores eran inútiles. El emperador Diocleciano no podía seguir contemplando cómo se minaba el orden, la obediencia y la disciplina dentro de su ejército. Intervino enérgicamente, porque todavía era tiempo de hacerlo. Dictó una ley contra los socialistas, digo, contra los cristianos. Fueron prohibidos los mítines de los revoltosos, clausurados e incluso derruidos sus locales, prohibidos los distintivos cristianos —las cruces—, como en Sajonia los pañuelos rojos. Los cristianos fueron incapacitados para desempeñar cargos públicos, no podían ser siquiera cabos. Como por aquel entonces no se disponía aún de jueces tan bien amaestrados respecto a la «consideración de la persona» como los que presupone el proyecto de ley antisubversiva de Herr von Koller [20], lo que se hizo fue prohibir sin más rodeos a los cristianos que pudiesen reclamar sus derechos ante los tribunales. También esta ley de excepción fue estéril. Los cristianos, burlándose de ella, la arrancaban de los muros y hasta se dice que le quemaron al emperador su palacio, en Nicomedia, hallándose él dentro. Entonces, éste se vengó con la gran persecución de cristianos del año 303 de nuestra era. Fue la última de su género. Y dio tan buen resultado, que diecisiete años después el ejército estaba compuesto predominantemente por cristianos, y el siguiente autócrata del Imperio romano, Constantino, al que los curas llaman el Grande, proclamó el cristianismo religión del Estado.
F. Engels
Londres, 6 de marzo de 1895

http://artepolitica.com/articulos/los-nuevos-estudios-sobre-el-peronismo-campo-academico-y-campo-politico/

Para visualizar la magia del populismo ver el video desde 0:41:32.

Imperdible el diálogo entre Talleyrand y Ney.

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