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Crisis, conexión, intervención y coaliciones

27 noviembre, 2008

cerrar-la-canillaLa crisis económica internacional que acaba de comenzar en los países centrales del sistema mundial capitalista plantea importantes modificaciones en los marcos del debate político-ideológico heredados de la década del ´90 y el auge neoliberal. Dicha crisis no solo marca el terrible ideologismo neoliberal como discurso pro-mercado, también reactualiza debates, conceptos y paradigmas que habían caído en la marginalidad por pura repetición de las usinas del pensamiento único y el Consenso de Washington.

 

Desde nuestra perspectiva de nación subdesarrollada con un Estado devastado por las reformas estructurales neoliberales, hay tres temáticas cuyo desenvolvimiento en los próximos años marcaran la gravedad del impacto producido por la crisis internacional en nuestra sociedad. Podemos designar a estas tres temáticas profundamente interrelacionadas como “cuestiones”. La primera cuestión consiste en el grado y estructura de nuestra conexión con el sistema mundo capitalista, o con la economía globalizada. La segunda cuestión abarcaría el grado y las formas de la intervención estatal al interior de nuestra economía nacional. Finalmente, la tercera cuestión refiere a la coalición política y social que legitima, impulsa, sostiene y condiciona las modalidades de conexión y de intervención estatal.

 

La cuestión de la conexión con el sistema mundo capitalista ha sido ampliamente estudiada a nivel teórico y empírico por pensadores de la talla de Gunder Frank,  Immanuel Wallerstein y Samir Amin. Lo que aquí nos interesa destacar sintéticamente es que la modalidad de la conexión de cada Estado con el sistema mundo esta históricamente condicionada por una compleja combinación de factores sistémicos. Existe una secuencia histórica en la cual las potencias europeas simultáneamente desarrollan economías capitalistas e imperios coloniales, en un proceso que al mismo tiempo que va integrando cada vez mayores zonas del mundo al capitalismo, los integra de manera subordinada. En ese mismo proceso histórico, los centros del sistema se van desplazando al interior del sistema mundial capitalista debido a combinaciones muy complejas de factores políticos, económicos, tecnológicos, sociales y culturales. El carácter de la competencia entre las potencias que aspiran a la hegemonía en el centro del sistema ha desembocado en diversas coyunturas que han permitido el ascenso de nuevos competidores, aun en zonas periféricas o semiperifericas. Así, la última serie de Estados Nacionales según Samir Amin, esta constituida por aquellos Estados cuyas burguesias lograron ejercer con éxito el control del proceso de acumulación capitalista a escala nacional. Y sintetiza dicho control en cinco condiciones esenciales del proceso de acumulación:

 

“(…) el control local de la reproducción de la fuerza de trabajo (lo que supone en una primera fase que la política del Estado asegure un desarrollo agrícola capaz de producir excedentes alimenticios en cantidades suficientes y a precios compatibles con las exigencias de la rentabilidad del capital, y en una segunda fase, que la producción en masa de bienes salariales pueda seguir simultáneamente la expansión del capital y la de la masa salarial); el control local de la centralización del excedente (lo que supone no sólo la existencia formal de instituciones financieras nacionales, sino también su autonomía relativa con respecto a los flujos del capital trasnacional) garantizando la capacidad nacional para orientar su inversión; el control local del mercado (reservado en gran medida en realidad a la producción nacional, incluso si no hay fuertes protecciones arancelarias o de otro tipo) y la capacidad complementaria de ser competitivo dentro del mercado mundial, al menos de manera selectiva; el control local de los recursos naturales (que supone, más allá de su propiedad, la capacidad del Estado nacional de explotarlos o de mantenerlos en reserva; en este sentido los países petroleros que no son libres en realidad de “cerrar el grifo” – si llegaran a preferir mantener ese petróleo en sus subsuelo en vez de poseer unos haberes financieros de los cuales se les podría expropiar en todo momento- no tienen ese control); el control local de las tecnologías en el sentido en que, desarrolladas localmente o importadas, estas puedan ser reproducidas rápidamente sin verse obligados a importar indefinidamente insumos esenciales (equipamientos, conocimientos, manipulación, etc (…).”

 

Mediante dichos controles, estos Estados Nacionales pudieron construir economías nacionales autocentradas. Dicha construcción económica autocentrada no es en ningún modo sinónima de autarquía. Sólo significa que las relaciones con el exterior se encuentran sometidas a la lógica de la acumulación interna y no a la inversa.

 

La cuestión de la intervención estatal esta íntimamente ligada con la anterior y supone algún tipo de retorno a las formas del Estado de Bienestar o Benefactor, como formula históricamente exitosa de hacer compatible a la democracia política con las tensiones propias de las desigualdades sociales generadas por el capitalismo (tema brillantemente analizado en su momento por Claus Offe). Las tempranas formas de masiva intervención estatal que la crisis actual ha generado demuestra a las claras que las elites político-económicas de los países centrales no están dispuestas a confiar sus destinos y fortunas a los supuestos mecanismos de regulación automática del libre mercado.

 

Pero es en las coaliciones políticas y sociales donde se define la viabilidad de cualquier proyecto que se proponga alterar las formas de conexión y de intervención estatal en favor de los sectores populares. En la Argentina de los ´90 (en un contexto de profunda crisis hiperinflacionaria) se construyo una amplia coalición que se articulaba ideológicamente en un difuso y generalizado consenso antiestatal, individualista, privatista y mercantil. Socialmente, el núcleo de esa coalición estaba en el nuevo poder económico surgido por el modelo de la valorización financiera impuesto desde la Dictadura de 1976. Dentro de ese nuevo poder económico tienen un papel central los sectores vinculados a las empresas transnacionales y a las actividades del comercio exterior (que han buscado desvincularse del ciclo económico interno). Por lo tanto, y en vista del resultado del conflicto por las retenciones móviles para las exportaciones de cereales y la actual resistencia a la estatización de las AFJP, va quedando claro la dificultad de articular una coalición capaz de sostener e impulsar los cambios estructurales necesarios para lograr una sociedad más justa y libre. Estas dificultades obedecen tanto al poder de los sectores dominantes como a los déficits de estrategia y construcción de los sectores populares, cuyas expresiones políticas tienden a fragmentarse por internismos, cortoplacismos y contradicciones secundarias. El desafío abierto en esta coyuntura es lograr articular una coalición capaz de sostener políticas cuyos efectos reales avanzan en desmontar la institucionalidad heredada del neoliberalismo y lograr avanzar hacia la construcción de un nuevo Estado Nacional y Popular.

 

Facundo Alvarez

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