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Crisis y tipo de cambio

11 diciembre, 2008

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Lo que sigue es un estracto interesante de la nota que  Daniel Azpiazu y Martin Schorr publicaron el domingo pasado en Página 12 (nota completa en http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-3710-2008-12-10.html )

(…)

Entre esos años, el fuerte crecimiento fabril permitió desandar en parte el proceso de desindustrialización iniciado en 1976 y derivó en una importante creación de puestos de trabajo. Pero también se consolidaron muchos aspectos críticos del regresivo modelo desindustrializador:

n Redistribución del ingreso en detrimento de los trabajadores y las pymes. En el marco de la crisis de 2002, la transferencia de recursos al capital, en particular a los sectores más concentrados, estableció un nuevo estadio en la distribución del excedente que, de allí en más, hasta la paulatina erosión de las ventajas “competitivas” del “dólar alto”, devino en holgadas tasas de ganancia (muy superiores a las de los ’90).

n Mayor concentración económica: en 2007, las 100 empresas más grandes explicaron el 43 por ciento del PBI industrial, frente a un 32 por ciento en 2001 y un 24 por ciento en 1993.

n Acelerada centralización del capital con eje en una creciente extranjerización.

n Afianzamiento de una modalidad de inserción del país en el comercio mundial pasiva y subordinada, a favor de un mayor predominio exportador de la elaboración de commodities y la “armaduría automotriz”. En todos los casos, controladas por un puñado de grandes firmas, en su mayoría transnacionales.

n Profundización del carácter trunco de la estructura industrial por los marcados déficit que presenta la misma en segmentos estratégicos, como los ligados a la elaboración de bienes de capital. Prueba de ello es que el crecimiento reciente conllevó un incremento notable de las importaciones de manufacturas: en 2007, el sector fabril registró un déficit comercial superior a los 1100 millones de dólares.

n Débil formación de capital, con fuerte apoyo estatal vía desgravaciones impositivas, y muy sesgada hacia los núcleos oligopólicos predominantes.

Se trata de elementos críticos que se manifestaron en una fase expansiva nacional e internacional. Es decir, se dieron antes de la irrupción de la crisis internacional y no a raíz de ella. En ese marco, una vez más el tipo de cambio se presenta como la variable “salvadora” y, como tal, pretende ser impulsado como el eje ordenador casi excluyente de la política estatal hacia los sectores manufactureros.

(…)

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