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Clarin con Paul Kennedy redescubre lo básico de la dependencia

16 febrero, 2009

Es mejor la economía de “cuatro patas”

Todos los países padecen la crisis global, pero sufren menos los que sostienen su desarrollo en varias actividades a la vez.

Por: Paul Kennedy
Fuente: HISTORIADOR, UNIVERSIDAD DE YALE

Cuatro patas, sí, dos patas, no”. La cita proviene de la gran sátira política de George Orwell Rebelión en la granja. Es el slogan inventado por los cerdos para movilizar a los otros animales y hacerlos rebelar contra sus dueños humanos.Tener cuatro soportes garantiza que las cosas sean mucho más estables, equilibradas, seguras: es difícil derribar algo que se apoya en cuatro patas, ya se trate de una mesa o de un caballo de tiro. Los bichos de dos patas son mucho menos robustos y confiables. (Obviamente, una vez que los cerdos consiguen el control absoluto y aprenden a caminar sobre sus patas traseras, invierten el slogan, como haría todo buen leninista. Pero eso es otra historia).
De todos modos, podemos extraer una lección de este relato si observamos la vapuleada economía mundial actual, donde no hay países que escapen al colapso crediticio financiero internacional y la caída dramática de la demanda de bienes y servicios, pero algunos están mejor que otros.
Si algunos sectores económicos se han visto más afectados que otros, es mucho mejor que el bienestar nacional se sustente en distintas fuentes de ingreso antes que en dos solamente, o incluso una. Es un planteo que me hice recientemente, mientras ordenaba algunos datos estadísticos más viejos y recordé cómo, hace unos 20 o 30 años, había surgido mi interés por lo que asegura una economía saludable al encontrar una tabla del Banco Mundial con el PBI nacional per capita, donde figuraba que Suiza y Kuwait, ambos primeros en la lista, tenían casi exactamente el mismo ingreso por habitante. El alto ingreso per capita de Kuwait derivaba por supuesto en su totalidad de una sola fuente: el petróleo. En cambio, las fuentes de la gran riqueza de Suiza provenían de, como mínimo, cuatro flujos de ganancias: su fortaleza en servicios bancarios, de seguros y de inversión; su diversidad en manufacturas de alta calidad (o sea, valor agregado alto), especialmente productos de ingeniería y farmacéuticos; su ingreso del turismo; y su sector agrícola de ingreso elevado y fuertemente protegido. Cuatro patas fuertes.
Ahora bien, hay otros 175, o más, países en el mundo que habrían estado felices de tener las rentas petroleras de Kuwait en las cuatro últimas décadas; pero lo cierto es que esa dependencia abrumadora de un solo producto valioso trae aparejados dos grandes riesgos. El primero es que una fuente abundante de nueva riqueza tiene una manera insidiosa de desviar, o debilitar, otras fuentes de ingreso nacional. Empiezan a aparecer artículos de fabricación extranjera -autos, aparatos electrónicos, hoteles, aeropuertos-, pero el petróleo paga todo. No hay impuestos a la nafta y los precios en el surtidor son artificialmente bajos. Salvo que la gobernabilidad nacional sea fuerte y responsable, reina la corrupción y se distorsiona la economía; basta con mirar a Nigeria y Venezuela en la actualidad.
El segundo riesgo es el de una caída súbita del precio negociado a nivel mundial de nuestro precioso commodity. No me refiero solamente al caso de la caída de los precios del petróleo este último año sino también al valor de casi todas las materias primas -bauxita, cobre, madera, caucho, etcétera.Muchos países en desarrollo, con muchas más expectativas en razón de los precios de los commodities, están ahora retrocediendo. Podría llegar a complacernos que países tan incómodos como Rusia, Venezuela o Irán se vean afectados por el colapso de los precios petroleros, pero difícilmente podemos sentirnos encantados frente a las profundas crisis de los flujos de efectivo que afectan a numerosos países del Tercer Mundo; ¡ojo con lo que deseamos al rogar por una baja en los productos a base de materias primas!
Los países cuyas economías se apoyan en cuatro o más patas, y que son intrínsecamente más estables, también deberían estar más atentos al canto de “rebelión en la granja”, aunque por una razón ligeramente distinta. Suiza, la economía equilibrada modelo mencionada anteriormente, sufre también en este momento por haber permitido que su “pata” bancos/inversiones -específicamente las acciones de inversión masiva de unos pocos bancos líderes- tuviera una significación desproporcionada, con efectos desagradables para la reputación del país como bastión de finanzas sólidas y respetables.
Más aleccionador todavía es el cambio dramático de la suerte de la República de Irlanda en los dos últimos años. El “Tigre Celta” gozó de numerosas ventajas en las últimas décadas: pertenecer a la UE y al euro, una base desarrollada de la cadena de montaje/fabricación, una industria de servicios floreciente, una agricultura sólida y un elevado turismo. Pero despilfarró gran parte de sus ganancias debido a una proclividad desproporcionada a la actividad bancaria de inversiones imprudentes y una expansión grotesca de hipotecas inmobiliarias insostenibles. En otras palabras, una pata de la “mesa” económica de Irlanda creció con tanta rapidez y a tanta altura que en realidad terminó doblando la mesa; en este momento, la porcelana está cayéndose por los bordes externos y estrellándose con un penoso estruendo.
Lo que ha estado ocurriendo en las turbulencias financieras épicas actuales debería retrotraernos a algunas verdades sobre la vida y el dinero: no ponga todos los huevos en la misma canasta; cubra sus apuestas; trate, si usted es líder político, de comprender toda la variedad de puntos fuertes y débiles de su país; y, en lo posible, evite la maldición de Midas del efectivo rápido.
La manera en que un país, sus líderes y su gente respondan a los desafíos de hoy dependerá de cada uno, de su percepción y su determinación de tomar decisiones difíciles. Les convendría recordar a los cerdos de Orwell: para una economía nacional, tener cuatro (o más) pilares de base conforma un andamiaje mejor que apoyarse en dos patas, o peor aún, en una sola.

Copyright Clarín y Tribune Media Services, 2009. Traducción de Cristina Sardoy.

http://www.clarin.com/diario/2009/02/15/opinion/o-01859385.htmPD: ¿Cuantas patas tiene la economía argentina actual?

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