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Antonio Gramsci – La tendencia a menospreciar al adversario

3 julio, 2009

gramsci

Quien esto sostiene, posee un sentimiento de inferioridad en sí mismo: en efecto, se tiende a disminuir violentamente al adversario para poder creerse con la victoria segura. Por eso, en esta tendencia existe un juicio oscuro sobre la propia incapacidad y debilidad (que se pretende aparentar coraje), y se podría incluso reconocer en dicha tendencia un comienzo de autocrítica (que se averguenza de sí misma, que tiene miedo de manifestarse explícitamente y con coherencia sistemática). Se cree en la “voluntad de creer” como condición de la victoria, lo cual, no sería equivocado si no se la concibiese mecánicamente y no se la transformase en autoengaño (cuando contiene una indebida confusión entre masa y jefes y rebaja la función de jefe al nivel más primigenio y groseramente gregario. En el momento de la acción, el jefe puede infundir a la masa partidaria la persuasión de que el adversario será vencido ciertamente, pero él mismo debe tener un juicio exacto y calcular todas las posibilidades, incluso las más pesimistas). Un elemento de esta tendencia se parece al opio; es, en efecto , propio de los débiles abandonarse a la fantasía, soñar con los ojos abiertos que los propios deseos son la realidad, que todo se desarrolla según los deseos. Por eso se contempla, por una parte, la estupidez, la barbarie, la vileza, etc., y por otra, las más altas dotes de carácter e inteligencia. La lucha no puede ser dudosa, y se parece tener la victoria al alcance de la mano. Pero la lucha queda en sueños y vence en sueños. Otro aspecto de esta tendencia es el observar las cosas como una escena vivida, en los momentos culminantes de alto caracter épico. En la realidad, ahi donde se comienza a actuar, las dificultades aparecen graves desde el comienzo, porque jamás se había pensado concretamente en ellas; y así como es necesario comenzar siempre por cosas pequeñas (por lo demás, las cosas grandes son un conjunto de cosas pequeñas), a la “cosa pequeña” se la menosprecia; es mejor continuar soñañdo y remitir la acción al momento de la “cosa grande”. La función del centinela es pesada, fastidiosa, fatigante, ¿para qué  “derrochar” así la personalidad humana y no conservarla para la gran hora del heroísmo?, y así sucesivamente. No se piensa en que si el adversario te domina y lo menosprecias, reconoces estar dominado por una persona que consideras inferior. Pero entonces, ¿como consiguió dominarte? ¿como te vencio siempre y fue superior a ti, aun en el momento desicivo que debía dar la medida de tu superioridad? Ciertamente que estará de por medio la “cola del diablo”. Pues bien, aprende a tener a la cola del diablo de tu parte.

Cuadernos de la carcel: Pasado y Presente

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