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Una de las cuestiones que más cuesta transmitir cuando le contagiamos el peronismo a alguien es el sentido de la conducción, especialmente a quiénes tienen una relación entre iluminista y romántica entre el mundo de las ideas y el mundo de la acción. Entre la biblioteca y el barro (de la historia).

Tal vez una forma de ayudar a adquirir el sentido de la conducción, con sus ventajas y sus límites, sea está arenga de Jack Sparrow en Piratas del Caribe al políticamente ingenuo Will Turner: 

“¡Y ahora, mientras estas ahí colgando, presta atención! La única regla que realmente importa es esta: lo que un hombre puede hacer y lo que no puede hacer. Por ejemplo: Tú puedes aceptar que tu padre era un pirata y un buen hombre, o no aceptar, pero tú tienes sangre pirata, hijo, y algún día tendrás que asumirlo. Por ejemplo: podría dejar que te ahogaras, pero no puedo llevar este barco a Tortuga yo solito, ¿comprendes? Así que… ¿Eres capaz de navegar bajo las órdenes de un pirata? ¿O no?”

Para contestarse estas preguntas hay que saber a dónde quiere uno navegar y asumir las ambigüedades y zonas grises que constituyen el barro de la historia. O fantasear la coherencia narrativa y la estilización infantil de los personajes. ¿Somos capaces de navegar bajo las órdenes de un pirata?

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