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Para visualizar la magia del populismo ver el video desde 0:41:32.

Imperdible el diálogo entre Talleyrand y Ney.

De la retirada al colapso, lo importante es escapar y que haya lugar en los barcos… tirar los helicópteros vacíos al mar para hacer lugar a los que llegan con más refugiados…

Un día napoleónico

4 septiembre, 2013

Hoy la clase sobre revolución francesa se me escapaba hacia el Emperador. El populismo y el bonapartismo se imponen por sobre la retórica racionalista de los revolucionarios.
En estos días donde el garrochismo atrae las reflexiones socarronas sobre el peronismo es útil recordar los garrochismos franceses de la primer restauración y de los Cien Días. No hablemos de Vichy o la Liberación. El garrochismo es más frances que peronista.
La imagen par excellance: el abrazo con su antiguo Mariscal Ney y el garrochismo de todo el Quinto Regimiento al grito de ¡Vive le Empereur!
Cuantos enviados a la represión seguirán su ejemplo garrocheador?

Los Cien Días (Wikipedia):

El Congreso de Viena (18141815) dispuso el nuevo orden en la Europa post-napoleónica. En Francia, los realistas instalaron en el poder a Luis XVIII. María Luisa y su hijo quedaron bajo la custodia del padre de ésta, el emperador Francisco I, y Napoleón no volvió a verlos nunca. Consciente de los deseos de los ingleses de desterrarlo a una isla remota en el atlántico y del rechazo del pueblo francés a la restauración borbónica, escapó de Elba en febrero de 1815 y desembarcó en Antibes el 1 de marzo desde donde se preparó para retomar Francia.

El rey Luis XVIII envió al Quinto Regimiento de Línea, comandado por el Mariscal Michel Ney, que había servido anteriormente a Napoleón en Rusia. Al encontrárselo en Grenoble, Napoleón se acercó solo al regimiento, se apeó de su caballo y, cuando él estaba en la línea de fuego del capitán Randon, gritó «Soldados del Quinto, ustedes me reconocen. Si algún hombre quiere disparar sobre su emperador, puede hacerlo ahora». Tras un breve silencio, los soldados gritaron «¡Vive l’Empereur!» y marcharon junto con Napoleón a París. Llegó el 20 de marzo, sin disparar ni un solo proyectil y aclamado por el pueblo, levantando un ejército regular de 140.000 hombres y una fuerza voluntaria que rápidamente ascendió a alrededor de 200.000 soldados. Era el comienzo de los Cien Días.

El capitalismo es un sistema que genera desigualdades. Una de las funciones más importantes del Estado en el capitalismo consiste en cerrar la brecha de legitimidad que produce el capitalismo con sus desigualdades. Para ello cuenta con herramientas de violencia física y violencia simbólica. También con el consenso y la hegemonía. Normalmente su efectividad en estas tareas se mide en la pasividad y el consentimiento de una gran proporción de la población. Guillermo O´Donnell planteaba que el Estado debía aparecer como verosímil en la pretensión de buscar el bien común.

En tiempos de crisis todas estas cuestiones se vuelven crecientemente problemáticas y suelen ser las propias acciones de los gobiernos las que socavan la capacidad del Estado para cumplir eficazmente sus tareas de legitimación de un orden social inherentemente desigual e injusto. El actual proyecto de blanqueo tiene efectos corrosivos en este sentido al agravar las desigualdades en las políticas tributarias actuales.

A esto hay que agregarle que históricamente uno de los aspectos más resistidos en la historia del Estado Moderno ha es la recaudación impositiva.

ROMA

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Por todas partes reinaba un llanto y una tristeza grandísima. No se daba fe a las declaraciones de los censores y se enviaba siempre a otros nuevos para que encontraran alguna cosa más; y si tampoco estos últimos lo conseguían, se añadían otras tasas para no dar la impresión de haberlos enviado en vano. Entre­tanto disminuían los animales domésticos, los hombres morían. Pero eso no impedía que hubiera que pagar los impuestos incluso por los muertos. 
 
En pocas palabras, ya no se podía ni vivir ni morir sin pagar impuestos. Sólo quedaban los mendigos, de los que era inútil esperar algún tributo: su miseria e infelicidad los hacía, por lo menos, inmunes a cualquier injusti­cia. Pero este hombre de tan gran corazón [se refiere aquí al emperador Gale­no, que había ordenado este censo: 293-310 d.C.] también tuvo piedad de ellos y encontró el modo de liberarlos de su miseria: hizo reunir a todos, cargarlos en una barca y echarlos al mar.
 
Lactancio, De mort. Pers. 23. (finales del siglo III .d.C)
Francia en el Antiguo Régimen
La talla (taille en francés) es un impuesto directo y personal del Antiguo Régimen en Francia. El proceso de imposición se denomina tallación (…)el rey tenía la potestad de exentar de talla a las personas no nobles que ocupaban cargos relevantes, como los oficios relacionados con las finanzas, la justicia o la administración municipal. Los miembros de la burguesía rica también solían obtener este privilegio del rey, por lo que el peso de la talla incumbía en gran medida al campesinado.Bajo el reinado de Enrique IV de Francia, la talla representaba alrededor del 60% de los ingresos del Estado. Bajo Luis XIV sólo suponía el 25% porque se habían multiplicado los impuestos indirectos y los impuestos al consumo. A partir de 1695, se instauró un impuesto per cápita, la capitación, que se añadió a la talla y demás impuestos reales y feudales. La Noche del 4 de agosto de 1789, la primera Asamblea Constituyente de la Revolución Francesa abolió los privilegios y estableció la igualdad de todos los franceses ante los impuestos.


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Nueva época…

3 mayo, 2013

Voy tratar de revivir este blog, pero no prometo nada.

Primer signo de los tiempos: el Costa Concordia, todo un Paradigma de Conducción. Saludo desde aquí  a los emulos locales del celebre Capitán Francesco Schettino.

Segundo signo, reutilizar cosas del Twitter en el blog. En pasadas noches insomnes tuitie un rejunte de frases del gran compañero Nicolás Maquiavelo pertenecientes a su libro Discursos sobre la primera década de Tito Livio:

La malicia no se doma con el tiempo ni se aplaca con los beneficios.

Las cosas que se conquistan con el oro no se saben defender con el hierro.

Los príncipes verdaderamente potentes no compran la amistad con dinero, sino con su virtud y con la fama de su fuerza.

No es el oro, como grita la opinión común, el que constituye el nervio de la guerra, sino los buenos soldados.

A un pueblo licencioso y tumultuario un hombre bueno puede hablarle y llevarlo por el buen camino. Pero a un mal príncipe nadie le puede hablar, y contra él no hay más remedio que la espada.

La plebe reunida es valiente, dispersa es débil.

No creo que exista cosa de peor ejemplo (…) que hacer una ley y no observarla,sobre todo si quien no la observa es quien la ha hecho.

Suficiente por hoy.