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Ya en 1963 Carl Schmitt advertía que sus planteos habían sido transformados “en un slogan primitivo,  una denominada ‘teoría de amigo y enemigo’ conocida sólo de oídas y endosado siempre al partido contrario”. Esto lo vivimos a diario en nuestros debates de sordos. Por eso aprovecho que releí El concepto de lo político (de 1932) para compartir lo que para mi es el núcleo fuerte de su planteo, muy jodido de procesar en una democracia dónde los bandos hacen uso y abuso de ese “slogan primitivo”.
Dice Schmitt: “los conceptos de amigo,  enemigo y lucha adquieren su sentido real por el hecho de que están y se mantienen en conexión con la posibilidad real de matar físicamente. La guerra procede de la enemistad,  ya que ésta es una negación óntica de un ser distinto. La guerra no es sino la realización extrema de la enemistad”.
Lo esencial es que definir al enemigo implica aceptar la posibilidad de la guerra,  “la posibilidad real de matar físicamente”. Lo cual, desgraciadamente, es típico de la política internacional pero es problemático cuando se lo traslada a la política interior de un Estado. De ahí viene la sintonia antidemocrática con el fascismo. Porque Schmitt piensa dentro del Estado en dos polos: la pacificación de la unidad o la política de partidos que tiende al grado máximo de lucha que es la guerra civil. Es lo que esboza cuando afirma “la ecuación política = política de partido se hace posible cuando empieza a perder fuerza la idea de una unidad política (del Estado) capaz de relativizar a todos los partidos que operan en la política interior,  con sus correspondientes rivalidades”.
Obviamente está interpretación se queda corta respecto de la obra de Schmitt pero espero que les sirva para pensar y los provoque a leer el libro y sacar sus propias conclusiones.