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Crítica y emancipación para Ciencia Política

«En cierto modo, la derecha tiene razón cuando se identifica a sí misma con la tranquilidad y el orden: es el orden, en efecto, de la cotidiana humillación de las mayorías, pero orden al fin: la tranquilidad de que la injusticia siga siendo injusta y el hambre hambrienta. Si el futuro se transforma en una caja de sorpresas, el conservador grita, con toda razón: «Me han traicionado». Y los ideólogos de la impotencia, los esclavos que se miran a sí mismos con los ojos del amo, no demoran en hacer escuchar sus clamores». Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina.

Frente al proyecto que piensa nuestra carrera como una escuela de aspirantes a burócratas y consultores al servicio de la reproducción del capitalismo dependiente y sus formas de gestión política, vemos la necesidad cada vez más urgente de lograr que la carrera logre vincular la producción de conocimiento crítico con las experiencias emancipatorias de los pueblos de Nuestra América.
Dentro de América Latina estamos viendo como los bloques dominantes locales (integrados con empresas trasnacionales de los países centrales) intentan frenar, domesticar o quebrar los diversos procesos de cambio popular. Estas luchas políticas recientes, como el intento de desestabilizar a Evo Morales, el conflicto rural en la Argentina, el golpe de Estado en Honduras, la reactivación de la IV Flota Norteamericana y el intento de establecer bases yanquis en Colombia, son ejemplos que muestran claramente los limites que toleran las clases dominantes locales y el imperialismo para las democracias latinoamericanas.
Nos muestran que lo que ellos entienden por política democrática consiste en dirimir la alternancia en la administración del capitalismo dependiente. Cualquier intento de realizar modificaciones estructurales les resulta intolerable. Así, toda práctica de emancipación nacional y social que desborde los estrechos márgenes de la gestión del capitalismo dependiente aparece convertida en una peligrosa amenaza ‘populista’ por el discurso que producen los aparatos ideológicos del bloque dominante.
En este marco, creemos que los pueblos de Nuestra América necesitan unas ciencias sociales descolonizadas, despojadas de su tradicional visión eurocéntrica (y por lo tanto colonialista). Siguiendo los planteos de Boaventura de Sousa Santos, debemos cuestionar la racionalidad que subyace a nuestras ciencias sociales, y asumir que nuestras categorías son muy reduccionistas, para poder dar cuenta de la inagotable diversidad epistemológica del mundo. No sólo tenemos que enraizar a nuestras ciencias sociales, sino que tenemos que debatir como podemos ser objetivos sin ser neutrales.
Nuestra objetividad no es la del positivismo y el cientificismo que pretende igualar objetividad con neutralidad. Entendemos la objetividad como la utilización de las metodologías de las ciencias sociales para la producción del conocimiento riguroso y crítico que nos permita transformar las sociedades injustas en las que vivimos y frente a las cuales no podemos ser neutros. Para nosotros, se trata de que podamos construir unas ciencias sociales en las cuales crítica y emancipación vayan unidas.
Y esto implica el desafío de repensar a la carrera, de problematizarla, de no aceptarla tal cual se nos presenta. No para rechazarla en bloque sino para poder reducir la considerable brecha existente entre lo que producen nuestras Ciencias Sociales y los conocimientos que necesitan nuestros pueblos. Creemos que todos los que de una u otra manera intentamos aportar a la producción de conocimiento crítico como práctica emancipadora debemos poner en cuestión nuestro lugar como científicos sociales, revisar nuestros saberes y nuestras certezas.
La carrera debe abrirse a las diversas experiencias y saberes que se producen fuera de la facultad. Los debates no sólo deben superar el enclaustramiento sino también la pretensión cientificista y academicista de limitar la creación de conocimiento a los estrechos moldes de su jerarquización de los saberes.
Esas múltiples experiencias y los sujetos que las producen, tienen mucho que enseñarnos. Las poblaciones que padecen la minería a cielo abierto, los campesinos desplazados por el avance de la sojización, los pobladores fumigados con agrotóxicos, los movimientos de desocupados, los trabajadores, los pueblos originarios y toda la enorme gama de grupos, movimientos y experiencias emancipadoras producen saberes valiosísimos a partir de su propia experiencia de lucha, organización, poder popular y democratización.
Ya no estaríamos solo frente a los datos objetivados, frías categorías o conjuntos de estadísticas que leemos, analizamos o estudiamos. Sino que los conceptos y las estadísticas se corporizarían, nos hablarían con su propia voz, y nos contarían de sus luchas, sus miedos, sus dolores y sus esperanzas. Tendríamos otras perspectivas para entender las formas concretas en las cuales las empresas transnacionales y los grupos económicos y sus socios siguen abriendo las venas de nuestra América Latina, quebrando al Estado, cooptando dirigentes e instituciones y limitando las posibilidades transformadoras de nuestras democracias. Y podrían surgir las intuiciones que nos guíen para la construcción de la ciencia política que necesitan nuestros pueblos.

Votá Lista 21
Votá FRENTE UNIVERSITARIO POPULAR

LA VALLESE-Grupo Nuestra América
Agrupación Santiago Pampillón – Movimiento Universitario Evita – Megafón – La Diecisiete – Agrupación Hernández Arregui

Desde la época de las revoluciones independentistas contra la dominación colonial española y portuguesa, los pueblos de América Latina han intentado obtener su completa emancipación frente a las sucesivas alianzas de los bloques dominantes locales con el Imperio Británico primero, y con el imperialismo norteamericano después. Aún hoy, a principios del Siglo XXI, la tarea de lograr la Segunda Independencia y la Unidad de nuestros pueblos permanece inconclusa pero vigente en el legado de San Martín, de Bolívar y de todos los héroes y mártires de las luchas populares.

La realización de nuestra Segunda Independencia implica un proceso de lucha prolongado. Para completar esta tarea tenemos que construir nuestro propio modelo de desarrollo autónomo, de justicia social, de participación democrática y de organización popular, en el marco de la unidad latinoamericana. Las voluntades unidas de los pueblos latinoamericanos pueden romper las cadenas forjadas por más de cinco siglos de conquista, colonialismo, subdesarrollo y dependencia, completando el destino común de nuestros pueblos en la Patria Grande.

Asumimos como base para nuestra acción política el hecho histórico de nuestra situación de país dependiente, subdesarrollado y periférico dentro del actual sistema mundial capitalista.

La negación, omisión, olvido o abstracción de esta situación ha constituido una derrota ideológica fundamental del movimiento nacional y popular a manos del discurso liberal y globalizador. Tarde o temprano reaparecen los conflictos característicos de nuestra situación dependiente y periférica. Por debajo de la superficial y momentánea prosperidad de la economía periférica sigue operando el desarrollo desigual y polarizador constitutivo del capitalismo. Así, períodos con altas tasas de crecimiento económico se traducen «misteriosamente» en la profundización de mayores distorsiones estructurales, regionales y sectoriales, consolidando el paisaje de archipiélagos de prosperidad en mares de pobreza.

La aplicación de políticas que busquen limitar o revertir esta situación encuentra reacciones muy fuertes, porque se afectan los intereses fundamentales del bloque de clases dominante. El poder social y cultural sobre el cual este bloque asienta su dominación es completamente funcional al mantenimiento de la situación de dependencia y por ello históricamente la han defendido con todos los recursos que tienen a su alcance y por todos los medios. Un proyecto nacional, popular y latinoamericanista orientado a terminar con la dependencia requiere la elaboración de métodos y estrategias inteligentes y adecuadas para enfrentar la magnitud del desafío.

John William Cooke escribió: «El régimen no puede ser cuestionado desde sus mismos valores, sino que, al atacarlo, debemos atacar a esos valores que son parte de él». El bloque de clases dominante posee un conjunto de aparatos culturales e ideológicos que todos los días intentan redefinir nuestras creencias sobre lo que existe, lo que es posible y lo que es bueno. Esos aparatos legitiman al bloque de clases dominante y deslegitiman todo aquello que perciben como una amenaza. Tratan de lograr el apoyo o la neutralidad de las masas para el bloque de clases dominantes y sus políticas, al mismo tiempo que disgregan la posibilidad de que se forme un bloque nacional y popular alternativo. Así, aún cuando el bloque dominante no controle directamente al Estado puede ser capaz, en determinadas circunstancias, de movilizar a amplios sectores en defensa de sus intereses fundamentales y limitar decisivamente las capacidades de los Estados débiles. Por lo tanto, no es posible avanzar en la emancipación nacional sin lograr vencer en la lucha ideológica.

Esa lucha ideológica es una lucha por el conocimiento, por los valores y por las alternativas. Resulta necesario conocer y comprender como se conjugan en nuestra historia y en la actualidad las relaciones entre los imperialismos, nuestras clases dominantes y nuestra inserción subdesarrollada y dependiente en el sistema mundial capitalista. Debemos lograr que ese conocimiento se extienda, se vuelva conciencia política en sectores cada vez más amplios y que condense en la formación de un bloque nacional-popular capaz de disgregar al bloque dominante e impulsar una estrategia nacional de desarrollo.

Desde esa conciencia, y desde la intención de convertirla en una estrategia de poder para el

movimiento nacional y popular, nos decidimos a formar el Grupo Nuestra América, tomando como nombre el titulo del genial ensayo escrito por el cubano José Martí. En su escrito, Martí, logró sintetizar en los elementos esenciales del proyecto de de San Martín y Bolívar: la independencia y unidad latinoamericanas. Y desde esos elementos, desde una conciencia nacional, popular y latinoamericanista, pretendemos aportar decisivamente para terminar con la situación de dependencia que nos condena al subdesarrollo y la miseria.

La historia, la memoria y el sacrificio de quienes lucharon por la causa de la independencia,

la justicia social y la unidad latinoamericana iluminan nuestro camino. Frente al destino de

opresión, miseria e ignorancia que los imperialismos y las clases explotadoras locales buscan imponer para nuestros pueblos, nosotros nos sumamos a la lucha por la liberación nacional y social, a la lucha por ser pueblos libres en una América unida y liberada

Grupo Nuestra América

25 de Mayo de 2009

GpoNuestraAmericaCEL