Home

Desde la época de las revoluciones independentistas contra la dominación colonial española y portuguesa, los pueblos de América Latina han intentado obtener su completa emancipación frente a las sucesivas alianzas de los bloques dominantes locales con el Imperio Británico primero, y con el imperialismo norteamericano después. Aún hoy, a principios del Siglo XXI, la tarea de lograr la Segunda Independencia y la Unidad de nuestros pueblos permanece inconclusa pero vigente en el legado de San Martín, de Bolívar y de todos los héroes y mártires de las luchas populares.

La realización de nuestra Segunda Independencia implica un proceso de lucha prolongado. Para completar esta tarea tenemos que construir nuestro propio modelo de desarrollo autónomo, de justicia social, de participación democrática y de organización popular, en el marco de la unidad latinoamericana. Las voluntades unidas de los pueblos latinoamericanos pueden romper las cadenas forjadas por más de cinco siglos de conquista, colonialismo, subdesarrollo y dependencia, completando el destino común de nuestros pueblos en la Patria Grande.

Asumimos como base para nuestra acción política el hecho histórico de nuestra situación de país dependiente, subdesarrollado y periférico dentro del actual sistema mundial capitalista.

La negación, omisión, olvido o abstracción de esta situación ha constituido una derrota ideológica fundamental del movimiento nacional y popular a manos del discurso liberal y globalizador. Tarde o temprano reaparecen los conflictos característicos de nuestra situación dependiente y periférica. Por debajo de la superficial y momentánea prosperidad de la economía periférica sigue operando el desarrollo desigual y polarizador constitutivo del capitalismo. Así, períodos con altas tasas de crecimiento económico se traducen «misteriosamente» en la profundización de mayores distorsiones estructurales, regionales y sectoriales, consolidando el paisaje de archipiélagos de prosperidad en mares de pobreza.

La aplicación de políticas que busquen limitar o revertir esta situación encuentra reacciones muy fuertes, porque se afectan los intereses fundamentales del bloque de clases dominante. El poder social y cultural sobre el cual este bloque asienta su dominación es completamente funcional al mantenimiento de la situación de dependencia y por ello históricamente la han defendido con todos los recursos que tienen a su alcance y por todos los medios. Un proyecto nacional, popular y latinoamericanista orientado a terminar con la dependencia requiere la elaboración de métodos y estrategias inteligentes y adecuadas para enfrentar la magnitud del desafío.

John William Cooke escribió: «El régimen no puede ser cuestionado desde sus mismos valores, sino que, al atacarlo, debemos atacar a esos valores que son parte de él». El bloque de clases dominante posee un conjunto de aparatos culturales e ideológicos que todos los días intentan redefinir nuestras creencias sobre lo que existe, lo que es posible y lo que es bueno. Esos aparatos legitiman al bloque de clases dominante y deslegitiman todo aquello que perciben como una amenaza. Tratan de lograr el apoyo o la neutralidad de las masas para el bloque de clases dominantes y sus políticas, al mismo tiempo que disgregan la posibilidad de que se forme un bloque nacional y popular alternativo. Así, aún cuando el bloque dominante no controle directamente al Estado puede ser capaz, en determinadas circunstancias, de movilizar a amplios sectores en defensa de sus intereses fundamentales y limitar decisivamente las capacidades de los Estados débiles. Por lo tanto, no es posible avanzar en la emancipación nacional sin lograr vencer en la lucha ideológica.

Esa lucha ideológica es una lucha por el conocimiento, por los valores y por las alternativas. Resulta necesario conocer y comprender como se conjugan en nuestra historia y en la actualidad las relaciones entre los imperialismos, nuestras clases dominantes y nuestra inserción subdesarrollada y dependiente en el sistema mundial capitalista. Debemos lograr que ese conocimiento se extienda, se vuelva conciencia política en sectores cada vez más amplios y que condense en la formación de un bloque nacional-popular capaz de disgregar al bloque dominante e impulsar una estrategia nacional de desarrollo.

Desde esa conciencia, y desde la intención de convertirla en una estrategia de poder para el

movimiento nacional y popular, nos decidimos a formar el Grupo Nuestra América, tomando como nombre el titulo del genial ensayo escrito por el cubano José Martí. En su escrito, Martí, logró sintetizar en los elementos esenciales del proyecto de de San Martín y Bolívar: la independencia y unidad latinoamericanas. Y desde esos elementos, desde una conciencia nacional, popular y latinoamericanista, pretendemos aportar decisivamente para terminar con la situación de dependencia que nos condena al subdesarrollo y la miseria.

La historia, la memoria y el sacrificio de quienes lucharon por la causa de la independencia,

la justicia social y la unidad latinoamericana iluminan nuestro camino. Frente al destino de

opresión, miseria e ignorancia que los imperialismos y las clases explotadoras locales buscan imponer para nuestros pueblos, nosotros nos sumamos a la lucha por la liberación nacional y social, a la lucha por ser pueblos libres en una América unida y liberada

Grupo Nuestra América

25 de Mayo de 2009

GpoNuestraAmericaCEL

Entrevista a Samir Amin

Samir Amin: “Las luchas más importantes ya no están en el Foro Social Mundial” x Andrés Pérez “Me inquieta mucho ese eco que obtienen [en el FSM] muchas ONG del Norte que, de hecho, no son más que antenas repetidoras del pensamiento dominante”

Samir Amin es, de alguna forma, el eslabón perdido entre el actual movimiento altermundialista y los movimientos de liberación de los años cincuenta. A sus 78 años, este egipcio ha estado en ambos, como teórico y construyendo soluciones. El economista e historiador destaca como el teórico que más radicalmente ha analizado las formas euro-norteamericanas de dominación. Hoy, el director del Foro del Tercer Mundo de Dakar y uno de los coordinadores del Foro Mundial de las Alternativas, mira hacia el Foro Social Mundial celebrado en Belém con una crítica constructiva: Hay que repolitizar el foro y “construir la convergencia en la diversidad”. Si no, advierte, estos foros corren el riesgo de convertirse en “antena repetidora del discurso dominante”.

Usted sostiene que los foros sociales corren riesgos, digamos, de corte narcisista…

Como yo deseo que esta oleada de liberación sea un éxito, sea real, que no se quede en pura retórica, tenemos que ser muy severos con nosotros mismos. No basta con clamar que el liberalismo es una absurdidad socialmente, ecológicamente y políticamente desastrosa. No basta con denunciar. No basta con llevar adelante batallas defensivas. Los frentes de la globalización capitalista son numerosos. Hay que librar batalla ofensivamente, cosa que exige una perspectiva. Esa perspectiva no puede ser la unificación de movimientos, pero sí que debe ser la convergencia.

¿Hoy no es el caso?

No. Hoy están segmentadas. Combaten ataques del sistema, pero no proponen alternativas realizables. Hemos caído en objetivos de corte moral, general, en plan “a favor de un mundo mejor y más justo”. ¡Habrá que definir qué es un mundo mejor y más justo, y las estrategias políticas para ponerlo en marcha! Estimo que ahora tenemos que plantearnos la cuestión de las estrategias políticas. No necesariamente unificarse en una organización, pero sí construir una convergencia dentro de la diversidad. Frentes diversos, referencias culturales diversas, objetivos de transformación diversos, formas de luchas diversas, sí… Pero la cuestión política es central y hay que atreverese a decirlo.

¿Los foros sociales no se atreven?

Ese es el punto negativo de la segunda oleada de los movimientos sociales en su versión actual: El miedo a la política. ¿Por qué? Porque la política ha decepcionado mucho. La socialdemocracia se ha vuelto liberal-capitalista. El comunismo se ha vuelto autocracia; en ocasiones, criminal. El proyecto de liberación tercermundista de Bandung se ha vuelto una colección de autocracias mediocres… Por eso, los movimientos sociales decidieron abandonar la política. Pero eso es imposible. Abandonar la política equivale a resignarse a no transformar el mundo.

Habla usted también del riesgo que las ONG ricas del norte monopolicen el discurso en los foros sociales.

Sí. A mí me inquieta mucho ese eco que obtienen muchas ONG del Norte que, de hecho, no son más que antenas repetidoras del pensamiento dominante. Simpáticas, reformistas, cargadas de buenas intenciones y de votos píos, pero nada más… Están sobrerrepresentadas en los foros sociales mundiales, porque cuesta mucho ir a ellos, organizarse… Le voy a dar un ejemplo. En Egipto, actualmente, hay un movimiento social campesino inmenso, que ha reunido a millones de manifestantes para frenar la contra-reforma agraria que planea el Gobierno. No apareció en ningún fórum social mundial. Primero, porque no tienen ni un duro para ir. Segundo, porque nadie les daría ese duro para que puedan ir. Tercero, porque ni ellos mismos son conscientes de que pudiera ser importante ir.

Para usted, ¿deben abrirse los foros a los partidos políticos?

Sí. Son actores, incluso a veces actores capaces de conservar el poder para transformar. No es posible seguir negándose a ir al contacto, al choque, al debate, a la exigencia e incluso a la altercación con los partidos para formular programas. Es hipócrita, por parte de las ONG apolíticas, esa negativa al contacto con lo político. ¿De qué viven las ONG gigantescas del Norte? De subvenciones públicas y de fundaciones, sobre todo norteamericanas. Ni las unas ni las otras son independientes. Hay que oponer a esas ONG pseudo-apolíticas, otra politización auténtica.

A lo mejor la dinámica ya no está en los foros sino fuera…

Sin llegar tan lejos, yo creo que América Latina está sembrando el camino con señales positivas. Ha demostrado que el cambio también puede empezar por victorias populares en el poder político, saldadas con transformaciones. Sean cuales sean las evoluciones futuras, las victorias de Lula, de Chávez, de Morales y de Correa muestran esa posibilidad de victoria popular.

¿Imposibles en el Norte?

Complicado, pero no imposible. El capitalismo actual es oligárquico, en el sentido estricto de la palabra, en el sentido de oligarquía al estilo ruso. Es un puñado de oligarcas, a escala planetaria, no más de seis mil personas, quienes concentran la riqueza de todos. El objetivo de aislar a esa oligarquía puede reunir todas las fuerzas progresistas, humanistas y simplemente demócratas para hacer frente a las fuerzas que quieren la regresión. Ahí tiene usted una base social posible para la victoria popular: aislar a la oligarquía mundial. Cuidado: todavía no es una base electoral, más volátil, pero sí una amplia base social.

Usted es pesimista respecto a los foros y optimista en cuanto a la fuerza de lo que ocurre fuera.

De alguna manera, sí. Los grupos que llevaron a Chávez al poder no estaban en los foros sociales; el movimiento indígena boliviano, tampoco. Piense en el Partido Comunista Maoísta de Nepal, que tampoco está en los foros. Hizo frente a una tiranía y ganó la guerra de liberación. Los errores que cometa en el futuro son otro problema, pero está claro que ha contribuido a liberar a un pueblo. Luchas muy importantes en el mundo no están presentes en el foro social mundial.

http://www.lahaine.org/index.php?p=35844

La crisis segun Samir Amin

13 diciembre, 2008

Fragmentos de: ¿Debacle financiera, crisis sistémica?

samir_amin4

A continuación extraemos los parrafos centrales del ultimo trabajo de Samir Amin:

“(…) El sistema capitalista actual está dominado por un puñado de oligopolios que controlan la toma de decisiones fundamentales en la economía mundial. Unos oligopolios que no sólo son financieros, constituidos por bancos o compañías de seguros, sino que son grupos que actúan en la producción industrial, en los servicios, en los transportes, etc. Su característica principal es su financiarización. Con eso conviene comprender que el centro de gravedad de la decisión económica ha sido transferido de la producción de plusvalía en los sectores productivos hacia la redistribución de beneficios ocasionados por los productos derivados de las inversiones financieras. Es una estrategia perseguida deliberadamente no por los bancos, sino por los grupos “financiarizados”. Más aún, estos oligopolios no producen beneficios, sencillamente se apoderan de una renta de monopolio mediante inversiones financieras.

Este sistema es sumamente provechoso para los segmentos dominantes del capital. Luego no estamos en presencia de una economía de mercado, como se suele decir, sino de un capitalismo de oligopolios financiarizados. Sin embargo, la huida hacia delante en las inversiones financieras no podía durar eternamente cuando la base productiva sólo crecía con una tasa débil. Eso no resultaba sostenible. De ahí la llamada “burbuja financiera”, que traduce la lógica del sistema de inversiones financieras. El volumen de las transacciones financieras es del orden de dos mil trillones de dólares cuando la base productiva, el PIB mundial sólo es de unos 44 trillones de dólares. Un gigantesco múltiplo. Hace treinta años, el volumen relativo de las transacciones financieras no tenía ese tamaño. Esas transacciones se destinaban entonces principalmente a la cobertura de las operaciones directamente exigidas por la producción y por el comercio nacional e internacional. La dimensión financiera de ese sistema de los oligopolios finaciarizados era – ya lo dije – el talón de Aquiles del conjunto capitalista. La crisis debía pues estallar por una debacle financiera.

(…) Detrás de ella se esboza una crisis de la economía real, ya que la actual deriva financiera misma va a asfixiar el desarrollo de la base productiva. Las soluciones aportadas a la crisis financiera sólo pueden desembocar en una crisis de la economía real, esto es, una estagnación relativa de la producción y lo que ésta va a acarrear: regresión de los ingresos de los trabajadores, aumento del paro laboral, alza de la precariedad y empeoramiento de la pobreza en los países del Sur. En adelante debemos hablar de depresión y ya no de recesión”.

(…) El sistema de producción y de consumo/despilfarro existente hace imposible el acceso a los recursos naturales del globo para la mayoría de los habitantes del planeta, para los pueblos de los países del Sur. Antaño, un país emergente podía retener su parte de esos recursos sin amenazar los privilegios de los países ricos. Pero hoy día ya no es el caso. La población de los países opulentos – el 15% de la población del planeta – acapara para su propio consumo y despilfarro el 85 % de los recursos del globo y no puede consentir que unos recién llegados accedan a estos recursos, ya que provocarían graves penurias que pondrían en peligro los niveles de vida de los ricos.

Si Estados unidos se han fijado como objetivo el control militar del planeta es porque saben que sin ese control no pueden asegurarse el acceso exclusivo de tales recursos.

(…) La verdadera alternativa pasa por el derrocamiento del poder exclusivo de los oligopolios, el cual es inconcebible sin, finalmente, su progresiva nacionalización democrática. ¿ Fin del capitalismo ? No lo creo. Creo en cambio que son posibles unas nuevas configuraciones de las relaciones de fuerzas sociales que obliguen al capital a ajustarse a las reivindicaciones de las clases populares y los pueblos. A condición de que las luchas sociales todavía fragmentadas y a la defensiva, en su conjunto, consigan cristalizar en una alternativa política coherente. Con esta perspectiva, resulta posible el comienzo de una larga transición del capitalismo al socialismo. Los avances en esa dirección, claro está, siempre serán desiguales de un país a otro y de una fase de su despliegue a otra.

(…)Evocaré a continuación las grandes líneas de esta respuesta necesaria.

1) – La reinvención por parte de los trabajadores de organizaciones apropiadas que hagan posible la construcción de su unidad con el fin de trascender su dispersión asociada a las formas de explotación vigente (paro laboral, precariedad, informalidad).

2) – La perspectiva es la de un despertar de la teoría y de la práctica de la democracia asociada al progreso social y al respeto de la soberanía de los pueblos y no disociada de éstos.

3) – Liberarse del virus liberal fundado en el mito del individuo, que ya pasó a ser tema histórico. Los rechazos frecuentes de los modos de vida asociados al capitalismo (múltiples enajenaciones, consumismo y destrucción del planeta) señalan la posibilidad de esta emancipación.

4) – Liberarse del atlantismo y del militarismo que le está asociado, ambos destinados a hacer aceptar la perspectiva de un planeta organizado sobre la base del apartheid a escala mundial.

En los países del Norte el desafío implica que la opinión general no se deje encerrar en un consenso de defensa de sus privilegios con respeto a los pueblos del Sur. El internacionalismo necesario pasa por el antimperialismo, no por el humanitarismo.

En los países del Sur, la estrategia de los oligopolios mundiales lleva consigo el hacer recaer el peso de la crisis sobre sus pueblos (desvalorización de sus reservas de cambio, baja de los precios de las materias primas exportadas y alza de los precios de los productos importados). La crisis ofrece la ocasión del renacimiento de un desarrollo nacional, popular y democrático autocentrado, que someta las relaciones con el Norte a sus exigencias, esto es, la desconexión. Lo cual implica:

a) El control nacional de los mercados monetarios y financieros

b) El control de las tecnologías modernas en adelante posible,

c) La recuperación del uso de los recursos naturales,

d) La derrota de la gestión globalizada, dominada por los oligopolios (la OMC) y la del control militar del planeta por  Estados Unidos y sus aliados,

e) Liberarse de las ilusiones de un capitalismo nacional autónomo en el sistema y de los mitos del pasado.

f) La cuestión agraria, en efecto, está en el centro de las opciones por venir en los países del Tercer Mundo. Un desarrollo digno de llamarse así exige una estrategia política agrícola basada sobre la garantía del acceso a la tierra para todos los campesinos (…)  

g) La integración regional, al favorecer el surgimiento de nuevos polos de desarrollo, ¿puede constituir una forma de resistencia y de alternativa? La regionalización es necesaria, tal vez no para gigantes como China y la India o incluso para Brasil, pero seguramente sí para otras muchas regiones, en el sudeste asiático, en África o en América Latina (…)”.

Nota: el subrayado es nuestro.

Texto completo en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=76484

uncle-samSegun Samir Amin, el actual capitalismo realmente existente se expresa en un imperialismo de nuevo tipo, el imperialismo colectivo de la Triada (EEUU, Europa y Japon) hegemonizado por los EEUU. Reproducimos algunos fragmentos de Geopolitica del imperialismo contemporáneo que ilustran el concepto:

“Yo sugiero aquí que la formación del nuevo imperialismo colectivo tiene su origen en la transformación de las condiciones de la competencia. (…)La mundialización profunda es el primer marco de actividad de las grandes firmas. (…)Dicho de otra manera, en la pareja nacional / mundial los términos de la casualidad se invirtieron: antes la potencia nacional comandaba la presencia mundial, hoy es al revés. De esta manera, las firmas trasnacionales, sea cual sea su nacionalidad, tienen intereses comunes en la gestión del mercado mundial.

 

La solidaridad de los segmentos dominantes del capital trasnacional con todos los integrantes de la tríada es real, y se expresa en su afiliación al neoliberalismo globalizado. Los Estados Unidos están vistos dentro de esta perspectiva como los defensores (militares si fuera necesario) de sus “intereses comunes”. Eso no quiere decir que Washington entienda que debe “compartir equitativamente” los provechos de su liderazgo. Los Estados Unidos se emplean, por el contrario, en avasallar a sus aliados y solo están dispuestos a consentirles a sus subalternos de la tríada concesiones menores. ¿Este conflicto de intereses del capital dominante llegará hasta el punto de entrañar una ruptura con la alianza atlántica? No es imposible, pero es poco probable.

 

(…) en el sistema de imperialismo colectivo los Estados Unidos no tienen ventajas económicas decisivas, ya que el sistema productivo de los Estados Unidos está lejos de ser el “más eficiente del mundo”. Por el contrario, casi ninguno de sus segmentos le ganaría a sus competidores en un mercado verdaderamente abierto como el que imaginan los economistas liberales. Testimonio de ello es el déficit comercial de los Estados Unidos, el cual se agrava cada año, y que ha pasado de 100 millares de dólares en 1989 a 500 en 2002. Además, este déficit concierne a prácticamente todos los segmentos del sistema productivo. Incluso el excedente del cual se beneficiaban los Estados Unidos en el dominio de los bienes de alta tecnologías, que era de 35 millares en 1990, ha cedido su lugar a un déficit.

 

La economía norteamericana vive como parásito en detrimento de sus socios en el sistema mundial. “Los Estados Unidos dependen para el 10% de su consumo industrial de bienes cuya importación no está cubierta por exportaciones de productos nacionales”, tal y como lo recuerda Emmanuel Todd (9). El mundo produce, los Estados Unidos (cuyo ahorro nacional es prácticamente nulo) consumen. “La ventaja” de los Estados Unidos es la de un depredador cuyo déficit está cubierto con el aporte de los otros, con su consentimiento o a la fuerza. Lo medios puestos en práctica por Washington para compensar sus deficiencias son de naturaleza diversa: violaciones unilaterales repetidas de los principios del liberalismo, exportaciones de armas y búsqueda de rentas petroleras (que suponen el acuerdo de sus productores, uno de los motivos reales de las guerras de Asia central y de Irak). Lo esencial del déficit americano está cubierto por los aportes en capitales que provienen de Europa y Japón, del Sur (países petroleros ricos y clases compradoras de todos los países del Tercer Mundo, incluyendo a los más pobres), a lo cual podríamos añadir la punción ejercida en nombre del servicio de la deuda impuesta a la casi totalidad de los países de la periferia del sistema mundial.

 

(…)la dirigencia americana ha comprendido perfectamente que, para conservar su hegemonía, dispone de tres ventajas decisivas sobre sus competidores europeos y japonés: el control de los recursos naturales del globo terráqueo, el monopolio militar y el peso que tiene la “cultura anglosajona” a través de la cual se expresa preferentemente la dominación ideológica del capitalismo. La puesta en práctica sistemática de estas tres ventajas aclara muchos aspectos de la política de los Estados Unidos, sobre todo los esfuerzos sistemáticos que Washington realiza por el control militar del Medio Oriente petrolero, su estrategia ofensiva frente a Corea – aprovechándose de la “crisis financiera” del país – y, frente a China, y el sutil juego que busca perpetuar las divisiones en Europa – movilizando

con esta finalidad a su aliado incondicional británico – e impidiendo un acercamiento serio entre la Unión Europea y Rusia. En el plano del control global de los recursos del planeta, los Estados Unidos disponen de ventajas decisivas sobre Europa y Japón. No solamente porque los Estados Unidos son la única potencia militar mundial, hecho por el cual ninguna

intervención fuerte en el Tercer Mundo puede ser conducida sin ellos, sino porque Europa (ex URSS excluida) y Japón están desprovistos de los recursos esenciales para la sobrevivencia de sus economías”.

 Para ampliar, ver los textos de Samir Amin: Capitalismo, imperialismo y mundialización y Geopolitica del imperialismo contemporáneo

cerrar-la-canillaLa crisis económica internacional que acaba de comenzar en los países centrales del sistema mundial capitalista plantea importantes modificaciones en los marcos del debate político-ideológico heredados de la década del ´90 y el auge neoliberal. Dicha crisis no solo marca el terrible ideologismo neoliberal como discurso pro-mercado, también reactualiza debates, conceptos y paradigmas que habían caído en la marginalidad por pura repetición de las usinas del pensamiento único y el Consenso de Washington.

 

Desde nuestra perspectiva de nación subdesarrollada con un Estado devastado por las reformas estructurales neoliberales, hay tres temáticas cuyo desenvolvimiento en los próximos años marcaran la gravedad del impacto producido por la crisis internacional en nuestra sociedad. Podemos designar a estas tres temáticas profundamente interrelacionadas como “cuestiones”. La primera cuestión consiste en el grado y estructura de nuestra conexión con el sistema mundo capitalista, o con la economía globalizada. La segunda cuestión abarcaría el grado y las formas de la intervención estatal al interior de nuestra economía nacional. Finalmente, la tercera cuestión refiere a la coalición política y social que legitima, impulsa, sostiene y condiciona las modalidades de conexión y de intervención estatal.

 

La cuestión de la conexión con el sistema mundo capitalista ha sido ampliamente estudiada a nivel teórico y empírico por pensadores de la talla de Gunder Frank,  Immanuel Wallerstein y Samir Amin. Lo que aquí nos interesa destacar sintéticamente es que la modalidad de la conexión de cada Estado con el sistema mundo esta históricamente condicionada por una compleja combinación de factores sistémicos. Existe una secuencia histórica en la cual las potencias europeas simultáneamente desarrollan economías capitalistas e imperios coloniales, en un proceso que al mismo tiempo que va integrando cada vez mayores zonas del mundo al capitalismo, los integra de manera subordinada. En ese mismo proceso histórico, los centros del sistema se van desplazando al interior del sistema mundial capitalista debido a combinaciones muy complejas de factores políticos, económicos, tecnológicos, sociales y culturales. El carácter de la competencia entre las potencias que aspiran a la hegemonía en el centro del sistema ha desembocado en diversas coyunturas que han permitido el ascenso de nuevos competidores, aun en zonas periféricas o semiperifericas. Así, la última serie de Estados Nacionales según Samir Amin, esta constituida por aquellos Estados cuyas burguesias lograron ejercer con éxito el control del proceso de acumulación capitalista a escala nacional. Y sintetiza dicho control en cinco condiciones esenciales del proceso de acumulación:

 

“(…) el control local de la reproducción de la fuerza de trabajo (lo que supone en una primera fase que la política del Estado asegure un desarrollo agrícola capaz de producir excedentes alimenticios en cantidades suficientes y a precios compatibles con las exigencias de la rentabilidad del capital, y en una segunda fase, que la producción en masa de bienes salariales pueda seguir simultáneamente la expansión del capital y la de la masa salarial); el control local de la centralización del excedente (lo que supone no sólo la existencia formal de instituciones financieras nacionales, sino también su autonomía relativa con respecto a los flujos del capital trasnacional) garantizando la capacidad nacional para orientar su inversión; el control local del mercado (reservado en gran medida en realidad a la producción nacional, incluso si no hay fuertes protecciones arancelarias o de otro tipo) y la capacidad complementaria de ser competitivo dentro del mercado mundial, al menos de manera selectiva; el control local de los recursos naturales (que supone, más allá de su propiedad, la capacidad del Estado nacional de explotarlos o de mantenerlos en reserva; en este sentido los países petroleros que no son libres en realidad de “cerrar el grifo” – si llegaran a preferir mantener ese petróleo en sus subsuelo en vez de poseer unos haberes financieros de los cuales se les podría expropiar en todo momento- no tienen ese control); el control local de las tecnologías en el sentido en que, desarrolladas localmente o importadas, estas puedan ser reproducidas rápidamente sin verse obligados a importar indefinidamente insumos esenciales (equipamientos, conocimientos, manipulación, etc (…).”

 

Mediante dichos controles, estos Estados Nacionales pudieron construir economías nacionales autocentradas. Dicha construcción económica autocentrada no es en ningún modo sinónima de autarquía. Sólo significa que las relaciones con el exterior se encuentran sometidas a la lógica de la acumulación interna y no a la inversa.

 

La cuestión de la intervención estatal esta íntimamente ligada con la anterior y supone algún tipo de retorno a las formas del Estado de Bienestar o Benefactor, como formula históricamente exitosa de hacer compatible a la democracia política con las tensiones propias de las desigualdades sociales generadas por el capitalismo (tema brillantemente analizado en su momento por Claus Offe). Las tempranas formas de masiva intervención estatal que la crisis actual ha generado demuestra a las claras que las elites político-económicas de los países centrales no están dispuestas a confiar sus destinos y fortunas a los supuestos mecanismos de regulación automática del libre mercado.

 

Pero es en las coaliciones políticas y sociales donde se define la viabilidad de cualquier proyecto que se proponga alterar las formas de conexión y de intervención estatal en favor de los sectores populares. En la Argentina de los ´90 (en un contexto de profunda crisis hiperinflacionaria) se construyo una amplia coalición que se articulaba ideológicamente en un difuso y generalizado consenso antiestatal, individualista, privatista y mercantil. Socialmente, el núcleo de esa coalición estaba en el nuevo poder económico surgido por el modelo de la valorización financiera impuesto desde la Dictadura de 1976. Dentro de ese nuevo poder económico tienen un papel central los sectores vinculados a las empresas transnacionales y a las actividades del comercio exterior (que han buscado desvincularse del ciclo económico interno). Por lo tanto, y en vista del resultado del conflicto por las retenciones móviles para las exportaciones de cereales y la actual resistencia a la estatización de las AFJP, va quedando claro la dificultad de articular una coalición capaz de sostener e impulsar los cambios estructurales necesarios para lograr una sociedad más justa y libre. Estas dificultades obedecen tanto al poder de los sectores dominantes como a los déficits de estrategia y construcción de los sectores populares, cuyas expresiones políticas tienden a fragmentarse por internismos, cortoplacismos y contradicciones secundarias. El desafío abierto en esta coyuntura es lograr articular una coalición capaz de sostener políticas cuyos efectos reales avanzan en desmontar la institucionalidad heredada del neoliberalismo y lograr avanzar hacia la construcción de un nuevo Estado Nacional y Popular.

 

Facundo Alvarez